Una musa en mi casa

Abrí la puerta y la musa entró. Quise invitarla a tomar un café, un whisky, un vasito de agua… pero hice caso al cantante Donovan y la dejé pasar a través de mí. Esto fue lo que vio.

Dos mujeres hablan de todo y de nada mientras beben un líquido indescifrable, con pinta de brebaje de duendes, se pregunta si son algún tipo de brujas.

–Dicen que me desnudo demasiado…

–Pues ponte más ropas

–…

–También que juzgo por mirar con mis ojos y contarlo.

–Nada, unas gafas de sol y todos tan contentos.

Carcajadas que provocan una catástrofe de babas y escupitajos al atragantarse con la bebida.

–Es duro que a veces para ser una misma haya que herir.

–A mí me resulta duro pensar que cuando decido que lo que hay no es lo que quiero siento un gran vacío y una necesidad apremiante de buscar referentes… en los que inspirarme, en los que reconocerme, en los que mirarme…

–Mujeres en búsqueda amiga mía…

Siguen charlando sin juzgarse ni aconsejarse… mientras la infusión se enfría y el silencio forma parte importante de la conversación, sin necesidad de llenarlo a costa de nada.

Están enredadas entre las sábanas, una pierna larga por acá, un pie diminuto por allá, huele a la calidez de la piel dormida. La musa se tumba y mira acomodada en la almohada.

–Hoy hemos soñado que estábamos en el mar…

–¿A sí? ¿Has soñado eso?

–Y tú también, mami ¿no te acuerdas? estabas conmigo en la playa…

Sueñan juntas mundos diferentes y la musa entra en la cabeza que reflexiona sobre la suerte de ser madre. Siempre huyendo hacia delante, desde la niñez a la adolescencia, a la madurez… buscando de fuera a dentro. Y de pronto eres madre y si te dejas te da la oportunidad de cambiar, variar el punto de vista, revisarte. Siguen jugando y charlando de lo cerca que debe estar el cielo desde la cumbre del Everest, o si al crecer un bebé su papá encoge… y preparan la mochila, y se pierden por un camino mientras persiguen a una esquiva mariposa… al borde del barranco la madre analiza esa frase que escribió Irene García «ser la madre que una quiere ser es cansado, pero se puede ser madre desde el placer y la alegría y no desde el dolor o la culpa, siempre».

La musa se siente orgullosa por la facilidad que tiene de traer a la memoria de la gente las frases de los otros… está todo pensado, decide al tiempo que sigue observando, altiva, en una repisa.

Mientras Él escala esa pared azotada por el viento, Ella tiene un incesante diálogo interior. Lo que no dice a veces es mucho más poderoso y obsesivo que lo que sí habla. Se pregunta si sus ideas la piensan a ella o es ella quien las piensa; si es libre de sí misma o está sujeta a sí misma, amarrada a lo que considera que es la libertad. ¿Sus deseos los deseó ella? ¿Sus necesidades son impuestas, auténticas, aprendidas? Esa calma silenciosa solo rota por su propia voz estridente… o por los gritos de “voy”, “pilla”. ¿Libertad es hacer lo que una quiere o es ser consciente de donde viene lo que una quiere? No busca respuestas, lanza las preguntas para un presunto dialogo…

En ese momento, solo en ese momento, se siente bastante libre, movida por el sol o la lluvia o el estado de sus yemas; segura de la confianza depositada en la cría, sin expectativas ni prejuicios.

Y el paraguas quería quedarse en casa, para no mojarse… así que la musa se piró, lluviosa y confusa, en busca de alguien que de verdad pudiera sacarle partido y no hacer el capullo con la inspiración. Se fue por la puerta cerrada al darse cuenta que todo en su corazón de viento pesaba demasiado. Pesaba mucho la vida. La vida desgastaba.

A la que se iba, cabizbaja, una frase que sonaba desde la radio en la voz de ese cantante sicodélico, rokero, popero, flower power… la hizo sentir prescindible:

«Las musas escriben para todo el mundo pero yo escribo solo para ti».

Nieve tardía

Tengo un cuerpo de cristal. Frágil. Transparente. Frío.

La sangre se ve y los órganos se ven y todo parece un campo de raíces y escombros. Latiendo suave, en su cárcel de cristal. Y si lo lanzara por la ventana no sabría volar, caería a estamparse contra el suelo. La conciencia de que se puede romper me hace vivir en la coherencia prudente, la coherencia del cristal.

Y esta nieve tardía ha borrado muchas huellas. Tus huellas desvanecidas siguen marcando un camino, un pasado, los inicios de todo. Y duelen.

El día a día va comiéndose los huecos y ya solo los siento cuando realmente me paro a mirarlos, a tocar su profundidad. Como la nieve cae y temo que los tape, escarbo y te encuentro, como siempre, en mi cuerpo transparente, en todo lo mejor de mí. Cuando eras la fuerza que movía muchas fuerzas, cuando eras la casa y la alegría y daba igual que nevara en primavera.

Hubo un tiempo de páginas en blanco, todos éramos esas posibilidades infinitas, y tú nos dejabas ser. Ahora somos lo que somos.

Añoro tu respeto por los manuscritos, por todo lo que se está haciendo y aún no existe, por ese ritmo interno que nos hace como somos, cooperando sin compararnos. Las puertas abiertas y la lengua afilada. Tu sutil diferencia entre delegar y confiar.

Y mientras criticamos el mundo seguimos delegando todo lo importante: la educación de nuestros hijos, la salud, la alimentación… no confiamos en nadie y a la vez dejamos la vida en manos ajenas solo porque es más fácil no implicarse, y gracias a nosotros o a pesar nuestro todo sigue tal cual porque en el fondo no estamos tan mal ¿No?

Esos niños que podían reescribir el manuscrito ya lo cargan tan lleno de palabras que no tienen hueco ni en los márgenes para inventar un mundo nuevo, y como no estamos tan mal pues mejor decirles todo el rato lo que tienen que hacer y cómo lo tienen que hacer no sea que les de por cambiar las cosas y menudo lío sería.

La mano suave, siempre fría, acompañando, sin guiar ni adelantarse… en la certeza de que, incluso con mi cuerpo de cristal, hay un camino en el que conseguiré ser yo sin pensar todo el rato en no hacerme añicos.

Y sus páginas en blanco no guardarán nada tuyo, nada que se pueda leer a simple vista, pero sí esa confianza en los demás, abierta al mundo, a la vida. ¿No la ves, cómo mira, cómo ríe, cómo se asombra?

Nunca me dijiste lo que tenía que ser. Pero quiero ser la que acompañe su descubrimiento, solo confiando, como tú, en que la mejor versión de sí misma será la que elija libremente sin idiomas, ni lecciones, ni expectativas, ni prisas…

Y mi cabeza viajaba libre en el aburrimiento de los viajes. En el asiento de atrás, con una ventana a punto de anochecer, y una carretera que nunca pregunté a donde me llevaba. Confiaba en que tú solo manejabas el volante, el destino era cosa mía.

Y la nieve me rebota en este caparazón que todo lo deja ver, y si todo está bien así ¿por qué no nos paramos a descansar, resguardados de esta tormenta? Pero noto que algunos copos se escurren y me dan frío, a pesar de tener un cuerpo de cristal, porque tú eras siempre primavera.

Y podía salir por la ventana, en plena marcha y volar libre sobre las flores.

Escena cotidiana

HOMBRE (mirando por la ventana): Llegas tarde, ya todo se ha ido.

MUJER (solo se oye su voz): Entonces llego justo a tiempo para empezar de cero.

Escena primera. Dormitorio. Interior. Día

Una mujer de unos treinta y cinco años remolonea en la cama mientras el sol acaricia la piel de sus brazos descubiertos. Abre los ojos poco a poco como si la luz fuera un elemento desconocido y hostil.

De otra habitación llega el sonido de una canción alegre y el trajinar de platos en la cocina y las tostadas que saltan de la tostadora.

Le cuesta tocar el suelo con los pies. Demasiado lejos para unos pies soñando. De un brinco sale de la cama, de pronto enérgica, ilusionada con el nuevo día.

 

Escena segunda. Coche. Exterior. Día

El coche recorre una sinuosa carretera bañada de campos verdes, fluorescentes, las salpicaduras rojas de las amapolas son alegres y tétricas a la vez. ÉL conduce mientras ELLA saca la mano por la ventana, comprobando que el aire ha vuelto a ser fresco.

Un dúo de hombre y mujer inunda el coche con su canto, suena la versión acústica de Come To My Door y ella tararea traduciendo: «si te sientes solo puedes llamar a mi puerta».

 

Escena tercera. Río. Exterior. Día

La vemos a ELLA de espaldas. Desnuda. Al borde de una piedra.

Se lanza al agua y sale gritando ante las risas de su compañero.

ÉL (mientras sigue con el dedo el camino caprichoso de una gota, desde el cuello hasta el final de la espalda): Siempre te ha gustado secarte al sol. Sumergirte desnuda en el agua y luego tumbarte sobre una piedra caliente o en la arena, para que el sol vaya evaporando el agua de la piel mientras el viento te peina el pelo.

ELLA (se gira sonriendo): Ya sabes, me dedico a crear buenos recuerdos.

 

Escena cuarta. Pared. Exterior. Día

El ritual comienza; sus dedos encogidos se calzan los zapatos de faena. El nudo que la une a la tierra, a ÉL, salvándola del vacío. Los archiperres proporcionan seguridad haciéndola pertenecer a un momento, a un lugar, a un destino concreto.

Sus pies van buscando un resquicio donde apoyarse, invirtiendo el sentido de casi todo lo que entendemos por pequeño o grande. Se ven unas manos fuertes que agarran tres centímetros de roca con determinación y fluidez, acostumbradas.

Abajo, al fondo, ÉL la asegura con la mirada atenta de siempre. El murmullo del río se pelea con el viento y con otros sonidos menos bucólicos: una motosierra, el móvil incansable, las cintas que chocan con la pared, voces y más voces.

ALGUIEN DICE: (con cierto deje callejero que contrasta con las palabras elegidas): La vida cotidiana, cuando es la que has elegido libremente, no cuesta nada.

 

Escena quinta. Casa. Interior. Noche

La habitación está oscura, iluminada solo por el resplandor de las luces del exterior. La ventana abierta deja entrar el cantar de los grillos como un sonido de humedad veraniega. Poco a poco se empieza a escuchar, por encima de todo lo demás, la voz de David Bowie: Am I sitting in a tin can /Far above the world / Planet earth is blue / And theres nothing I can do.

EL HOMBRE apaga la música. Mira por la ventana. No se sabe lo que ve pero en su rostro se intuye que él tampoco piensa volver.

HOMBRE: Me gustaría saber si cuando te vas es definitivo.

MUJER: Quiero pensar que no.

HOMBRE: Si lo que hay puede cambiar tan drásticamente como para ser totalmente nuevo y desconocido

MUJER: Quiero creer que sí.

ELLA siente que está deseando acariciarla. Lo nota en su respiración, en la cercanía de su mano… pero ninguno se mueve ni un centímetro.

Se ve como los dedos de ELLA hacen girar el pomo. Suena la puerta que se cierra, de golpe, a modo de despedida. ÉL no se da la vuelta. Funde a negro mientras una radio lejana chisporrotea como un panal de abejas.

RADIO (voz masculina, joven y neutra, de agua fría): …una escaladora ha desaparecido junto con su compañero. No hay rastro de cuerdas, materiales, cuerpos… se baraja la posibilidad, aunque un tanto inverosímil, de que subieran tanto, tanto, tanto, tanto, que les diera pereza bajar al mundo.

Vida pirata

Son piratas de interior. Desde la cubierta ven paredes y caminos, tal vez algún río. Y el campo está verde, brilla, las flores desperdigadas empiezan a brotar por los rincones, la tierra sembrada… huele a primavera.

Su barco tiene ruedas y la bandera que ondean es blanca en actitud de paz, no necesitan ni quieren patente de corso, no piensan saquear nada más que metros y metros de roca.

Los tesoros anhelados a veces tienen cifras y letras, otras son de esos invisibles que no se pueden guardar en ningún cofre: el olor del café, los dedos doloridos, la lluvia golpeando el techo, el tarareo de una canción, los almendros en flor, una niña que habla, lugares por descubrir, esas personas que nos hacen ser un poco como somos, las luces del pueblo que se despiertan mientras la noche se acerca y caminas hacia tu puerto: una mesa rodeada de tu gente con algo de comida para compartir.

Una patria ambulante, una lengua única, muchas lenguas, en busca del sol y las rocas y esa compañía que hace de cualquier rincón un hogar.

No son delincuentes habituales aunque de vez en cuando se salten las normas, si les parecen absurdas o injustas, porque vivir como quieren vivir no hace gracia a todo el mundo, necesitar tan poco para surcar los mares. Ese aire romántico de bandidos se suele ir al garete cuando algunos deciden saltarse el respeto a los demás para hacer la suya, o para cagar por cualquier sitio y convertir el jardín secreto en una pocilga y dar la razón a los que los persiguen. Pero siempre hubo quien navegó a la deriva…

Y lo convencional no existe. Las paredes son temporales, el cielo cambiante, el viento sople de donde sople trae la primavera. El éxito se mide día a día o para ser más exactos, segundo a segundo, o no se mide de ninguna manera sino que se experimenta. La improvisación es la manera habitual de actuar aunque a veces planifiquen no por un tema organizativo sino por avivar la ilusión con un proyecto deseado. Y los lunes de niñeras y escuelas inventados para que los padres y las madres trabajen (a menudo en algo que no les interesa) solo porque la cosa se mantenga, pues no existen, ni los domingos deprimentes, ni los deseados sábados. Todo lo que se puede solucionar con una escoba, una lavadora o charlando delante de una cerveza… no es un problema.

No hay una sola manera de hacer las cosas bien, no hay una sola forma de ser responsable y comprometido.

No tienen prisa pero tampoco van despacio. Cada cual a su ritmo.

Se autogestionan, con la inestabilidad que tanto asusta a todos los hipotecados y practican el arte de ir tirando, el arte de no hacer nada, el arte por el arte.

Temporalmente soy una de ellos, me gustaría unirme a la manada de bandidos de manera permanente, quiero ser pirata ácrata y libre. Perdida en las carreteras y en los valles y en las montañas. Asilvestrada. No es que vaya contra el mundo ya que lo cuido lo mejor que sé, y a los de cerca, y me comprometo en lo que creo. Quiero dar la vuelta al mundo de derecha a izquierda, de arriba abajo. Ponerlo del revés, moverlo hasta que se caiga y abrigarlo hasta que sude todas las fiebres, incluso acompañarlo en su decadencia como una partera interestelar. Sobre todo quiero que nadie me diga que la vida pirata no es la vida real, como si lo otro: la tele, el despertador, el asfalto, los centros comerciales, las horas de espera haciendo cola para algo, esperando conseguir aquello, pagar lo otro, que te den esa recompensa a todo el sacrificio, para conservar y poseer lo que puede arder en un suspiro o formar parte en los escombros de una guerra… sí lo fuera.

Lo real es lo que me hace feliz. Lo que saca la mejor versión de mí misma. Lo que puedo compartir con los míos. Lo que me deja cría a mi hija a mi manera. Lo que me cabe en las manos. Lo que me aumenta la visibilidad en lugar de acortarla. Lo que me ayuda a vivir y envejecer con dignidad. Lo que hace que en lugar de quejarme cada día, tome las riendas de mi vida, sin buscar falsos culpables ni anclarme en los verdaderos culpables. Y ese ratito de amor sin recompensas. Y esas fieras pasiones. Y esa calma mortal. Y las pérdidas indescriptibles no se van por mucho que quemes rueda. Pero nunca insomne, ni sin hambre, ni inmóvil. Siempre con ganas de escribir. Así es como quiero vivir… la vida pirata es la vida mejor… y que no digan que fue un sueño.

Anuncios por palabras

ALQUILO: un rinconcito no violento, donde casi siempre decimos lo que necesitamos sin herir, sin culpar. Y escuchamos activamente.

BUSCO: casa con bonitas vistas a un futuro juntos, que es tu compañía. Descubiertas nuestras diferencias caminamos de la mano en la lucha, en la risa, en la batalla diaria.

COMPRO: sin instrucciones, algo que nadie se empeñe en explicar cómo funciona para privarme de la capacidad de descubrirlo.

DENUNCIO: el pirateo como deporte, como fomento de esta sociedad ladrona y aprovechada. Y también la cultura basada en el negocio y el formato en lugar de abierta a todos.

ENCONTRADA: una mirada llena de esperanza ¡¡¡MENOS MAL!!

FUGITIVA: busca compañía para fuga no planificada, con final dudoso y poco optimista (aunque promete enfrentarse con alegría a la adversidad)  y que tenga como objetivo (no terrorista) saltarse las fronteras, los dogmas, los idiomas, los muros y los momentos que nos hacen creer que necesitamos todas esas cosas para sentirnos nosotros mismos.

GANGA: libros salvados de una quema por un sueño que se cayó en mitad de la noche… suerte de dos amigas que hablan de sexo mientras cazo palabras como mariposas.

HOMICIDIO: involuntario, negligente, enajenado… de las necesidades auténticas. No se ha encontrado el cuerpo ni el arma, la sangre lo mancha todo, y aunque se intuye un único culpable todos (víctimas y testigos) son cómplices.

INSINUO: que si vienes conmigo lo vamos a pasar bien. Y prometo que dados la mano somos invencibles y los malos ratos ya los pasaremos aliñados con risas y mucho dulce y algo de cerveza.

JUEGO: libre, liberador, transformador… a escalar por las paredes y sentir que soy yo misma en ese instante de dudas y de libertad y de esfuerzo.

KIOSKO: se traspasa por falta de material interesante, por desgana generalizada, y solo se pide como fianza la capacidad inquebrantable de juntar fuerzas para bajar al mundo.

LLEVO: la casa a cuestas, cargada de ilusiones, besos mañaneros y medianeros y atardecidos y nocturnos. Cargada de libros y de planes y de carreteras secundarias y acoples donde echar el freno de mano.

MAMÁ: si eres tú te espero en casa (la llave donde tú sabes).

NECESITO: gasolina, espaguetis, amigas, amor, rocas, cielo, sexo, cambio, chocolate, algo que contar, alguien en quien creer, un abrazo, para la casa para el cuerpo para el alma… para ser feliz. Y sol solito caliéntame un poquito.

OPORTUNIDAD: ver el amanecer desde la cama, ver las estrellas desde la cama, volar como un pájaro, comer con los pies en la hierba y con las manos llenas de barro… a un precio irrisorio: buscar las figuras que se dibujan en las nubes.

PREGUNTO: ¿qué haces? Con la esperanza de que se presente alguien que no me cuente en qué trabaja sino qué hace con su tiempo limitado. También me vienen bien recetas con trigo sarraceno.

QUISIERA: trasportista autónomo y con precio razonable que se lleve la soledad, que le conmuevan los niños imitando las hazañas de los mayores y que tenga ambición de ser el  héroe o la heroína de su propia vida.

RENOVACIÓN: de todo lo encasillado y mohoso con la técnica innovadora de abrir las ventanas y la mente y dejar que corra el aire y que vuele la imaginación.

SE RECOMIENDA: dar nuestro punto de vista, borrar la frase “siempre se ha hecho así” y superar el miedo al conflicto y comunicarnos sin dolor. Y sexo de calidad.

TIRAR: el miedo que todo lo aniquila ¿dónde? A un lugar no reciclable.

USADO: ¿quién se atreve a comprarlo? Osado,  a pesar de su desgaste ha sido capaz de creer en el misterio, en que juntos sumamos.

VENDO: una guitarra que llora mientras el diluvio se pelea con los cristales, con el asfalto, con los charcos… pagos en efectivo y que efectivamente regateemos lo que haga falta hasta tantear un arco iris como puente que nos acerque.

WATER: desarmado comando contra la libertad espontánea gracias a la creencia de casi todos de que la mierda se va porque tiremos de la cadena y no la veamos. Se sabe que nadie le preguntó al mar.

X: de extraordinario, de sexo, de éxtasis, de mucho de lo que te estás perdiendo… mientras te instalas en la queja.

YO: tan corriente, me propongo llevar una vida extraordinaria contemplando cada instante  con ojos transformados.

ZOO: los animales se han escapado y ocupan la ciudad, celdas libres para quien no tenga donde dormir, ahora que los techos se subastan, la buena noticia es que la luna hoy sonríe.

Bosques que suenan

Cada día es morir un poco. Por eso cuesta tanto aceptar la noche, la perdida de consciencia, una pequeña muerte cotidiana, un día menos, un día que se fue como esas decisiones que nos hacen vivir una vida en lugar de todas las demás… y no me acostumbro a estas pequeñas muertes igual que no me acostumbro a las grandes.

Ya han pasado tres meses y la nieve no cuaja en el asfalto igual que el hueco no se tapa, pareciera el cráter de un volcán que cada cierto tiempo (nunca predecible, siempre devastador) entra en erupción. Las fechas no debieran importar más que por su puro simbolismo, pero el hueco ¿qué pasa con él? ¿Nadie se pone manos a la obra con este tema? Va a ser necesario enviar una extensa carta de reclamación.

La desconexión es tan grande. Desconectados de nuestro cuerpo no sabemos decir ni qué nos duele, y huimos de todo lo que duele rechazándolo enérgicamente. Desconectados de nuestros sentimientos no podemos entender por qué lloramos, desconectados de la naturaleza se nos olvida mirar al cielo… y creemos estar muy conectados gracias a los móviles, los ordenadores, los televisores… y me pregunto hace cuánto que no miro al cielo… llevamos siglos mirando al cielo para guiarnos y descifrar, para predecirnos, para encerrarnos a cal y canto y que la tempestad nos pille de refilón. Pero ya nadie mira al cielo a no ser que sea para poner los ojos en blanco en actitud cansada.

Entro a ese lugar conocido y entrañable, casi vacío, ¿dónde está todo el mundo? Una generación altamente preparada para emigrar y usar su cerebro en otra parte, otras generaciones altamente especializadas y amantes de su trabajo arrebatadas de lo suyo, sin ilusión ni perspectivas. Una madre muerta.

Y se me olvidaba que empecé la semana soñando. Con bosques que suenan cuando los pisas: las hojas que crujen, el barro que chapotea, los árboles que susurran, los pájaros que levantan el vuelo a tu paso. Con mares que suenan cuando los pisas: las olas al chocar con mis piernas primero y luego al irse marcha atrás en una caricia.

Con un asfalto que retumba al correr sobre él y que hace que me duelan las muelas.

Y las ciudades se dibujan hostiles. Inmigrante de mi propio mundo, ¿dónde emigrar? ¿a otra época? Tampoco es que hubiera una mejor, donde las mujeres tuviéramos tanto espacio para ser nosotras mismas… ¿a otro lugar? Casi todos los que me gustan son tan fríos!!! Y es que sin sol y rocas no soy nada.

Bueno pues entonces me voy a un mundo inventado. Donde los bosques suenan cuando los pisas y el mar suena cuando lo pisas. Donde huele bien, a nieve brillante en mitad de la noche, a cuerpo usado, a manos gastadas y pies sudados por el camino largo.

Donde no haya estudios científicos sobre los beneficios de los besos y la leche materna y hacer el amor… como si todo lo hiciésemos por los beneficios, o para dar la razón a los estudios científicos. Donde una bomba nuclear no haya hecho saltar a todo el mundo por los aires, orbitando por separado, dando vueltas y vueltas sobre lo mismo, desconectados. Donde hacer las cosas porque me da la gana, porque yo las he elegido, porque me gusta, porque nadie me lo manda, por llevar la contraria, porque está bien rico, porque da gustito, porque me hace sentir bien, porque te quiero, porque me sale de dentro, por echarte un cable, porque aquí ahora y contigo es lo que siento… y espero que no haya ningún estudio científico al respecto ¡por favor!, que no encasillen este planeta en ninguna corriente de ningún tipo y que no le pongan nombre ni título ni nadie sea adepto… y no pienso tocarte porque crezcas más sana, y darte un beso para mejorar mi actitud ni mucho menos tratarte con respeto porque piense que así voy a cambiar el mundo. Un lugar donde no haga falta demostrar de ninguna manera que dormir enredados cura todo lo demás.

Y que le den por culo a los números en general. No pienso tapar el hueco para que no se vea y tropezar con él mientras corro a toda prisa. No pienso contar mis pasos en este bosque que suena.

 

 

Diálogo inacabado

–Me gustó estar ayer juntos, en medio de los maestros del caos.

–A mí también.

–Tuve una sensación rara entre la amistad y el deseo. Te habría besado, te habría acariciado, me habría dejado arrinconar. Quién sabe la cantidad de posibilidades de dos cuerpos… pero nada de eso pasó y estuvo bien así.

 

–Me gusta como sabes.

–A mí me gusta como me saboreas.

–Hemos perdido mucho tiempo, sin tocarnos ni besarnos, qué estupidez ¿no te parece?

–Hablando de cosas importantes.

–¡Hay tanta información! ya está todo dicho.

–…

–¿En qué piensas ahora tan callada?

–¿Realmente te gusta este mundo?

–Profundamente sí, en la superficie no… creo que están muy enfadados en general y cuando tienes un dolor, es difícil ver más allá.

–Un buen caldo de cultivo para caciques y extremos.

–Siempre fue así… pero en realidad van a mejor.

–No podemos volcar todas nuestras expectativas en algo humano, buscando la perfección, nos causaría mucha frustración. Los humanos son imperfectos.

–Incomprensibles… por ejemplo, aquellos que se suben por las piedras.

–Ya.

–Me parece conmovedor, como un niño que juega, que se esfuercen tanto, que amolden su vida, su cuerpo, su tiempo para eso, sin ninguna recompensa aparente…

–Así son… hacen un montón de cosas que no sirven para nada. Poesías, deportes, amores imposibles…

–Qué pena que casi siempre tengan tanta prisa…

 

–Parece que algo se nos está pegando… ¿Qué hacemos en un árbol solitario al atardecer?

–Vaya pregunta, pues ver como se esconde el sol.

–Ufff con todo lo que tengo a medias…

–No dejes esto a medias también, la noche está al llegar.

–Una noche a tu lado puede ser un buen plan…

–¿Aunque se muera de hambre el mundo alrededor?

–Se muere de muchas cosas…

–No renuncian a nada, los gozos inmensos siempre les lleva a grandes penas… si fuesen capaces de vivir las penas sin desesperación todo les iría mejor.

–¿No has oído eso?

–No.

–Parecía un… no me digas que no lo has oído… ¿crees que nos descubrirán?

–Aquí arriba lo dudo.

–…

–¿En qué piensas ahora tan callada?

–En los hijos que no tendremos.

–Aquí eso da igual… además los niños ya no tienen tiempo para ser niños.

–Quieren que no den guerra: bebés que duermen y comen, que no lloren.

–Que hagan lo que se les dice sin rechistar, que se conviertan en niños que evolucionan correctamente por supuesto sin problemas de aprendizaje, adolescentes que no se metan en líos y a poder ser jóvenes que no les quiten el sueño… nadie les pregunta ¿qué quieres hacer?.

–Eso no importa mientras estén “bien” y no den guerra…

–Y en algún momento soñaron para ellos una vida extraordinaria.

–Yo diría que nuestra vida es extraordinaria ¿no crees?

–… bueno me gustaría encontrar un lugar donde otros caminos sean posibles…

–A mí me gustaría estar infiltrada en el mundo de los otros, los que van y vienen, pero se acaban quedando, los que escriben postales, los que regresan para contarlo todo.

–¿Ser una de ellos? ¿Has visto lo que ha hecho ese?

–Pero digo yo que este tipo tendrá que ser el vecino de alguien…

–Y el hijo…

–Puf pobres… Estamos en un lugar curioso, parece que queda poco por hacer ¿y si nos vamos?

–Así sin más…

–Solo ellos pueden solucionar este caos, desde dentro, cada uno de ellos.

–Princesa de pelo largo ¿te convierto en una novela?

–Prefiero que me conviertas en canción…

–Hecho, dame la mano.

–Pero no me sueltes.

 

 

La mujer concreta

Se había propuesto juntar los pedazos, repartidos por ahí… ¿Cómo centrarse en lo pequeño, cuando el mundo va en dirección contraria, enorme y masificado? Quiso hacer un viaje iniciático, un recorrido transformador. Convertirse en todo. Pequeño, grande… viajar a una mujer no abstracta sino a la que vive en la naturaleza, en la historia, en los detalles de la vida cotidiana. La mujer concreta.

Primero decide ser ese corazón que late a toda prisa dentro de la escaladora, un corazón que entiende que el éxito nos distingue por la manera en que afrontamos la decepción, va a llegar siempre, antes o después. También late por otras cosas, más primitivas…

Había perdido un zapato la mujer desencontrada ¿dónde estará? Quiso ser ese zapato olvidado en el hormigón de la prisa, del miedo, de la desesperación, del abandono…

Y un pecho cualquiera de la mujer que sea: esa parte tan metamórfica ahora sexual ahora amamantador ahora reconstruido tras mil batallas.

Sigue viajando y se mete en ese punto suspensivo que está escribiendo la poeta, y nota su pulso inestable, su temperamento siempre entre la desesperación y el entusiasmo.

Siente un gran placer al convertirse en la piel femenina, acariciada por la mano que ama.

Y ahora la ceja derecha de la mujer comprometida, experta de romper lo prohibido: ya no le bastaba con ser rebelde quería ser trasformadora. Estar enfadada y luchar no era suficiente…

La astronauta le dice que el mundo desde el espacio es hermoso. Cogidas de la mano surcaron estrellas y agujeros negros y soles y lunas. Esa mano amiga, la mejor compañía… sintió que nada podía hacer alguien tan pequeño en un universo tan grande, salvo cogerse de la mano. Eso en parte la relajó, quitándole responsabilidad y pesadez.

Perdido lo pequeño y lo particular… decidió viajar a una gota del café del desayuno. Antes de ser saboreada, vio que un día corriente era extraordinario entre un grupo de mujeres capaces de pasar horas enteras escuchando, muriéndose de risa, consolando.

Y quiso ser la lágrima de la mujer en duelo: creyó morirse muchas veces en la comisura de los labios, pero siempre volvía a surgir, liberadora. A ella le permite mostrar su ira, su exasperación, su protesta contra la muerte, le permite todo lo que no se permite a sí misma. Como lágrima caprichosa se fue volando por el balcón para transformarse en el charco en el que chapoteaba la mujer traviesa: «no me gustan los que nunca se meten en líos… son indiferentes y aburridos». Y mientras era pisoteada por esas botas de colores, y brincaba levantando la falda, mojando las piernas cálidas, oyendo carcajadas como una cascada de irresponsable alegría… Se evaporó en esa nube esponjosa sobre la que soñaba la mujer utópica: «nunca he hecho nada que no me guste simplemente por dinero, y creo cada palabra que escribo».

Al final todo saldrá bien –le dijo la mujer india en un intersticio-  y si no sale bien es porque aún no es el final.

Le resulta agotador ser el tercer brazo de la mujer orquesta que mientras habla por teléfono y tiende la ropa y cocina, crea mundos, guarda sueños, hace planes y piensa en todo a la vez con algún bebé sobre la cadera… le cuenta que está deseando tumbarse a tomar el sol en una pradera, mientras las mariposas revolotean a su alrededor.

Y quiso ser, solo una noche, el pie izquierdo y dolorido de la adolescente después de un baile. Habla de lo ocurrido agotada, feliz, en ese instante no hay nada mejor que hacer en el mundo que charlar hasta agotarse mientras todo aún te espera.

Se sintió incómoda en el pellejo de la duda constante de la mujer embarazada, no quería cerrarle puertas a su hija… y la mujer sabia, muy lentamente, le explicó que las puertas no eran un problema en una cabeza poblada con un buen manojo de llaves.

Quiso ser el interrogante de cierre en la mujer curiosa:

–¿Cuando es el momento propicio de aprender esto?

–Cuando tengas ganas o necesidad de aprenderlo, ese es el único momento.

La respuesta de la anciana le gustó, así que quiso colarse entre las arrugas de su piel y se dio cuenta de que contaban muchas historias. La mujer vivida plagada de secretos y respuestas se niega a responder «descúbrelo tú misma» viene a decir, y a Ella le encantaría saber ese idioma de pieles… pero como no entiende, tendrá que escribirlo, inventar su propia lengua en su propia piel… escribir la historia ininteligible, concreta, de sus cicatrices.

Y volvió de su viaje con pedazos que la hacían más hermosa, más completa, más cómplice, más valiente. Menos sola.

 

 

Un cuento

El canario de la casa está triste porque ama entre rejas y duerme entre rejas. No aprecia esa libertad que yo tanto envidio.
Puede mirar por la ventana y ver el paso de las estaciones, como caen las hojas de los árboles en otoño, la lluvia golpeando los cristales, las flores en primavera, el olor que precede a una tormenta de verano… sin embargo yo estoy condenado a vivir encerrado, luchando contra la locura a través de la imaginación, pensando en cómo sería sentir frío o notar en mi piel el calor del sol.
Supongo que él sueña con salir de esa cárcel desde la que observa el mundo y poder participar activamente en lo que sucede tras sus rejas. Tocar a su amada, a la que tiene tan cerca pero a la vez tan lejos, volar libre notando la suave brisa de la noche, chapotear en los charcos, disfrutar de la incertidumbre de no saber qué te depara el futuro…

Pero yo paso los días esperando que pasen los segundos, anhelando que lleguen las doce del medio día o de la media noche, deseando disfrutar de esas horas en las que puedo pertenecer un poco más a la realidad y sentirme libre por unos instantes, con mi cabeza llena de imágenes en las que me iré recreando durante las largas doce horas siguientes.

Las medias son las que menos me gustan, ya que salgo de esta soledad en tinieblas y mis pupilas tardan tanto en acostumbrarse a la luz que apenas consigo ver nada, y me quedo con una nebulosa en la cabeza, esa nostálgica sensación de haber tenido un bonito sueño que no puedes recordar. ¿Alguien me soñará a mí?

Me gustaría decirle a Ella «cuéntame algo que no le hayas contado a nadie» pero el tiempo no juega a mi favor ni siquiera para pronunciar esa breve frase, ¿cómo puedo existir si no tengo el tiempo para un cuento? Además de tanto contar Ella está un poco descontada, camina entre la niebla como un fantasma. En mis intervalos solo la diferencio del blanco entorno por sus alas de colores.

El canario de la casa está triste porque ama entre rejas y duerme entre rejas, pero no es una maleta que pasa por este mundo sin que nadie le recuerde. Le quieren desde el exilio de la jaula de enfrente, le envidian los gorriones, las urracas, los mirlos… al otro lado del cristal y todo el mundo desea escuchar su canto.
Sin embargo yo sé que pasarán los días y seguiré aquí, condenado a vivir eternamente rodeado de oscuras soledades, en la cárcel de madera de mi reloj de cuco.
Luchando para que no me devore el tiempo y el olvido.

Deseos

Me gustaría hablar todas las lenguas del mundo y comunicarme con cada cual en su lengua materna.

Me gustaría tener la certeza de que estás en alguna parte, esperándome.

Saber que existes, en la forma, formato, mundo, submundo, compartimento… que sea.

Me gustaría creer todos los días que hasta detrás de la máquina más grande y poderosa hay una persona y que, a veces, decide comportarse con humanidad y no simplemente darle al botón.

Me gustaría encontrar tus zapatos otra navidad. Y que siempre me acompañen aquellos a quienes quiero. Y que no solo me tocases una milésima de las veces que deseas hacerlo.

¿Será cierto que ya solo navegamos por Internet?

Surcar los mares en busca de tesoros, islas escondidas… me gustaría… seguir estremeciéndome siempre: por el frío, el aire, el sol, tu piel, tu ausencia.

Me gustaría creer, de corazón, que lo hermoso del tiempo es que es limitado.

Y que me cogieras el teléfono. Y que, como la nieve al caer, como los pasos en la arena, como todo lo lindo que no hace ruido… no te hubieras ido tan silenciosamente.

Me gustaría no olvidarme de las nanas que te susurro en la oscuridad ni de tus ojos abiertos desde el principio.

¿Y si se valorase menos el trabajo y más el tiempo que pasamos con los nuestros? me gustaría pensar que el mundo seguiría girando.

Me gustaría que siempre, con el abrigo más inmenso y bufanda y gorro, tuvieses la capacidad y el deseo de imaginarme desnuda.

Y que el sol, como si fuese mi cómplice, no saliera cuando estoy triste.

Me gustaría que todas sintiésemos que con unos tacones de aguja, la cara demasiado pintarrajeada, pantalones incómodos, peinados imposibles… es complicado ser realmente libre.

Y no tener ideas preconcebidas, no creer en esto o en aquello, no ir contracorriente ni a favor de la corriente.

Me gustaría que el espectáculo formidable de verte crecer siempre fuese suficiente.

Y subirme siempre por paredes sorprendentes… y que me sorprenda la noche a pie de vía.

Me gustaría gustarte incluso con el tiempo, con la rutina, con las arrugas y en ese pijama de invierno.

Y que el éxito no fuera tan ligado a unos resultados concretos sino a un modo de vivir y de sentir… que la belleza supusiera realmente una búsqueda. Y la tele bien apagada para hablarnos, mirarnos, comunicarnos.

Me gustaría ser capaz de educarte en el asombro.

¿Y si nos escapamos de este mundo en llamas? Me gustaría que me lo propusieras aún con la certeza de un no.

Y que morir no formase parte del pacto.

Me gustaría no solo hablarte sino que me respondienses y perder así el miedo a los fantasmas.

Me gustaría que no necesitásemos repetir las mismas guerras para seguir aprendiendo.

Y que mi naturaleza no fuera la incertidumbre. Y que la palabra follar no sonase tan ordinaria y hacer el amor tan cursi.

Me gustaría creer que después, hay algo más que NADA.

Realmente ¿así son las cosas???? Me gustaría pensar que no.

Y que los viejos siempre tuvieran una dulce compañía, y parar el tiempo cuando yo quiera, y los niños un acompañamiento respetuoso, y que esta piel me dure todo el camino.

Me gustaría no solo robar vidas para contarlas sino para devolverlas.

¿Y si guardara silencio más a menudo? Me gustaría creer que es posible pero me conozco demasiado.

Me gustaría no tener miedo del hecho de que la vida no se esconde de la muerte sino que caminan juntas de la mano.

Y no dejar de seguir mi olfato aunque a veces me lleve a oscuros rincones.

Me gustaría que donde comen tres coman cuatro.

Me gustaría el tiempo de una noche de verano, de un amor sin prisas.

Y no dejar de intimar con las palabras, de cuchichear con el cuerpo, de asombrarme al mundo.

Me gustaría ponerme en tu piel por muy lejana que sea. Y que la risa y el juego enmudecieran los campos de batalla.

Me gustaría no olvidarme las alas en cualquier parte.

Sobre todo me gustaría que no fuera tan difícil mantener el compás cuando nos faltan los que amamos. Y ser sonámbula en tus sueños y no dormir nunca en los míos. Y tener la capacidad de soñar despierta y vivir cada día como esa oportunidad única.

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