La lista de la compra

Estaba sentada en una silla, al lado de una rotonda de una carretera secundaria. Pelo largo y brillante, botas altas de tacón… ¿En qué estará pensando mientras espera? Y justo a su lado un cartel de “se vende suelo”, iba a hacer la compra y tenía cielo sobre mí ¿estará en venta, también? He pensado en todo lo que no se vende ni se compra y tiene un valor incalculable. Se me han escapado los números en la cabeza intentando ponerle precio a un corazón de viento, a una mirada traviesa, la saliva cuando el miedo o la excitación suben por la garganta, el pensamiento esperanzado y fugaz de algo que se escapa por la ventana pero siempre vuelve… y en mi lista de la compra he metido todo lo que no se paga con dinero ni puede meterse en una lista ni está en venta.

Un rayo de sol para cuando sienta frío.

Tu presencia que hace habitable cualquier estancia.

Azúcar para las lágrimas, alcohol para las heridas, consciencia para vivirlo todo sin deshacerme.

Lo pequeño, intenso y delicado que aprendo a tu lado.

Si la vida es esto estoy tremendamente viva.

La nube gris que trae viento de lluvia y huele tan bien.

Tantas rocas que no me quepan en una sola vida, por si el ansia y la avaricia me sientan mal puedo compartir con los de siempre y con gentes que endulzan el caminar.

El bosque oscuro, donde las brujas y los duendes se esconden.

Un rincón (más pequeño que un mundo) donde me amen incondicionalmente y sea capaz de amar sin condiciones, sin exclusiones, sin miedo.

A cada lado, cuando el mundo se oscurece.

Un sauce llorón, debajo caben casas para todos.

Días que traigan fuertes sacudidas para no perderme dentro de un aletargado ensimismamiento.

Un recorrido de aprendizajes.

Todos los libros que no han escrito Daniel Pennac, Sylvia Plath, Sándor Marai o David Benioff…

Todo lo que dejaste de ti.

También lo que te llevaste contigo.

Y lo esparcido por la tierra donde quizá crezca una encina.

Palabras desbocadas que salgan de una parte no racional, inconsciente. Sin método, sin objetivo, ni estructura, ni finalidad… que nacen como un torrente desde algún lugar del organismo como si fueran una prolongación de la mano o de los labios o de los dedos de los pies o del clítoris.

Los sueños que te despiertan en mitad de la noche.

Una educación sin comparación, sin juicio, sin chantajes, sin juegos de poder, sin premios ni castigos.

Las letras que dibujo sobre tu piel y tú inventas o adivinas.

Todo lo que se habla en voz baja, susurrando y ronroneando.

Y los gritos de alegría, de indignación, de placer, de ira, de alivio.

El espacio necesario para asimilar.

Las personas con las que te encuentras y te juntas y juntas cambias por dentro y por fuera y por alrededor.

El tiempo necesario.

La aceptación absoluta sin una tenue expectativa de…

HOY, aquí, en este lugar, somos únicos, somos exclusivos y no te pido nada más que HOY.

La infancia que perdura hasta siempre en el alma.

El sueño profundo para cuando la noche, cansada de verme pasearme por ella, se enfada.

Eso que flota y me da justo lo que yo necesito.

La respuesta a por qué nos cuesta siempre relativizar las cosas y no convertir nuestros hallazgos en el centro del mundo.

El hilo de la memoria, la maraña de los recuerdos, el tejer redes para un futuro más amable.

La escalada como expresión vital.

La certeza: nada puede salir mal.

Estas imperfecciones que somos.

Pies fríos por el viento del otoño.

Cuando el cuerpo huele a ejercicio saludable.

Y no te das con el cielo en la cabeza.

Ni tienes necesidad de bucear a las profundidades en busca del improbable paraíso de las sirenas.

 

Como perdí la lista, con tanto ajetreo, y el dinero me quemaba en las manos, me mandé hacer un vestido que por algún motivo siempre he imaginado que sería de color verde esperanza.

 

Paralelo

Llueve fuera. Dentro hace un día soleado.

Mundos paralelos se chocan en un único mundo: nublado, 19 grados, chubascos intermitentes… mientras:

Le gustaría confiar en su Yo del pasado, la que tomó aquellas decisiones. Pero es como encontrarse con alguien a quien has dicho te quiero y ahora casi ni reconoces.

Cuando murió su padre se encerró en la habitación de la música y estuvo aporreando las teclas durante horas, de forma agresiva, liberadora, mientras lloraba a todo pulmón con sus 15 años recién cumplidos.
Ahora desliza los dedos todo lo rápido que puede, mientras un millón de lágrimas se deslizan por sus mejillas.
Le gusta verla así, a pesar de la tristeza que le produce verla así, Ella tan dura tan “todo bajo control” pierde los papeles, la paga con el pobre piano y llora, sobre todo, llora.
Hay muchas formas de llorar. Ella no desvirtúa el llanto, llora con tanta naturalidad y sencillez que parece que esté disfrutando su llorar como si de una carcajada se tratase.
No le importa que Él esté ahí, mirándola sin saber qué decir pero sin sentirse incómodo, simplemente disfrutando del bonito espectáculo de verla llorar mientras toca el piano.

Sintiendo su dolor como yo lo siento.

La araña vive escondida en el retrovisor aunque a veces, cuando Ella la espía desde dentro del coche, puede verla caminar a toda prisa por su tela para cazar a la mosca que, paralizada, espera que la esconda tras el espejo, donde Ella imagina que tiene que haber un país de arañas con sus casas, sus hijos, sus supermercados arañiles… no se inventa que puede haber mundos muy diferentes, sin esquemas, sin que el miedo sea proyectar un mundo en el futuro, sin supermercados, ni estructuras, ni siquiera para una araña.

Los espacios, cuando Ella está, son para Él algo distinto. Ella siempre tuvo el don de entrar en una habitación y llenarla de luz con sus ojos y de música con sus carcajadas. Ella siempre tuvo el don de salir de una habitación repleta de gente y dejarla vacía sin su presencia. O eso siente cuando llena el espacio que habita Él.

Intenta escuchar las palabras ¡pero a veces las palabras dicen tan poco!, y su lenguaje no verbal le habla de sexo, de una complicidad que sienten a la distancia justa de lo excepcional y lo cotidiano.

No puede evitar escuchar el sonido de su risa. Desvía la mirada a la foto desgastada y se deja llevar por las mentiras de la memoria para que el corazón no le engañe: Los que amas cerca, la boca reseca de nervios y deshidratación, el olor del campo en primavera, la alegría por estar al aire libre, entre jaras y roca granítica…
Vuelve y cierra los ojos para verla bien. Si le pregunto, ahora, no podría decir si Ella viste con vaqueros o falda, si el pelo vuela suelto o contenido en una trenza, si son las tres de la tarde o las cinco de la madrugada, ¿bajo sus ojos hay una sombra gris? ¿el brillo de la pasión? Si hiciesen una fotografía fidedigna para inmortalizar este momento se vería el aire tibio que entra por la ventana entreabierta, el olor a tierra mojada de una tarde lluviosa y el sonido, fresco como una cascada, de su risa.

Las moscas están muy pesadas. Deben saberse a punto de morir. Y justo llega a su puerta un paquete de un pez, una estrella y J.

Dice el diccionario que sois dos o más líneas o planos: Equidistantes entre sí y que por más que se prolonguen no pueden encontrarse. Pero ¿y si justo ahora, a la vez, en el mismo instante miráis por la ventana?

¡Sí, sí asomaros!

Con lágrimas, con deseo, con miedo y risas. Creo que, aunque no veáis lo mismo, puede que vuestros ojos se junten en ese mirar común, porque también sois “a la vez”:

Se ha desatado un fuerte viento que viene acompañando sus ráfagas de una lluvia fina que parece polvo. Veis a unas mujeres en sus velos caminar por la acera, entre fachadas blancas, en tradiciones que las hacen parecer lejanas y exóticas. Dos niñas juegan y paran en seco porque el viento las desequilibra: el gesto vuelto al cielo, sonrientes, con los ojos cerrados y los brazos abiertos como avión en vuelo.

También abren la boca para beber la lluvia y se ríen, con una risa que imagináis aguda y espontánea.

Quiero vivir, decidís en paralelo.

 

 

 

Pequeño tiempo

Ocupa poco,  el tiempo. Palabras, pensamientos, imágenes. Muchos eslóganes que hablan de su valía y nos llenan de la certeza de sentir que entendemos su devenir.

En la esquina de las piernas blancas siguen fumando mientras dentro seguramente alguien se muere de pena o de enfermedad o de… intento no atropellarlos.

El gato que lleva un día espachurrado en mitad de la carretera ha dejado de darme pena para darme cierta envidia: inmóvil, seco, ausente de todo lo que pasa por encima, sin miedo a otro atropello, sin dolor ni tiempo.

Cierta semilla de algunos ismos se está reproduciendo enérgicamente, aunque algunas creíamos que estaban cerca de la extinción. Crecen, y no solo me entristece pensar que se repiten los modelos de siempre sino constatar que se incrementan y exacerban: nacionalismos, machismos, fundamentalismos… una encuesta hecha por el Instituto de la Mujer esta temporada, en chicas jóvenes de diferentes culturas, etnias y diversa situación económica… asegura que el machismo en la mujer ha empeorado. Afirman estas jóvenes (que ocuparán poco tiempo pero el suficiente este mundo) que les halaga que su chico, compañero, amigo, pareja… les controle el móvil, les diga que se pongan una falda más larga… es una prueba de su amor.

Y que nuestras madres o abuelas o bisabuelas…. Confundieran:

amor con posesión,

amor con control,

amor con poder,

tenía su explicación histórica, su lógica dado el tiempo que ocuparon. Que suceda ahora me resulta un insulto a tantas mujeres que han intentado cambiar esos modelos, un insulto al recorrido histórico de la mujer, de la mujer y el hombre en convivencia.

Y por supuesto una prueba más de que la cosa (el tiempo) no funciona, ya que vivimos constantemente las mismas vidas, movidas por los mismos miedos, impulsadas parecidos rencores;

unayotravezunayotravezunayotravezunayotravez

 Me viene el sabio Sócrates a la cabeza cuando dijo algo así como: ¿No te avergüenzas de dedicar tanto tiempo a conseguir la mayor cantidad de riquezas, honor y estatus posible y dedicar tan poca atención a la comprensión de tu alma?

 Le mataron al poco… Yo sí me avergüenzo.

 La ambulancia pasa junto a mí. Me siento feliz y apresurada en este tiempo que me pertenece ¿qué sentirá quien vaya dentro de esa ambulancia? ¿Estará acabando aquí? ¿Dando a luz a un nuevo ocupante?

Sigo corriendo, mientras mis pensamientos vuelan, no vaya a llegar tarde.

Como estoy cansada de frases hechas sobre un póster con un mismo atardecer… rescato de una casa de cachivaches y vivencias (las casa del polvoesoro) una retazo de una larga conversación con mi admirada H Santolaya.

–¿Está casa tiene nombre?

–Se podría llamar jaleo… Entre el grupo de dibujantes de cuadernos se conoce como “el museo del polvoesoro” porque durante diez años conservaba el polvo por encima de esos libros del pasillo, quería llevar todo eso a una exposición como metáfora del transcurrir del tiempo, llevar todo tal cual, con el polvo cubriendo los libros y las cosas y cada vez que venía alguien a dibujar mientras nos juntábamos se generó esta idea:

si el polvo es la metáfora del transcurrir del tiempo y el tiempo es oro, el polvo es oro

 El camionero iba con su autocaravana recorriendo Europa, los meses de invierno alquilaban una casa en el sur de España y el resto en ruta… llevaba toda la vida esperando la jubilación para recorrer el mundo junto a su mujer en su autocaravana… eran felices de aquí para allá con sus pertenencias en esa caja con ruedas….

Me pregunto cuánto tiempo soñó esa vida.

Se puede hacer una lectura positiva que quizá me valga para otro tiempo más optimista: consiguió aquello por lo que tanto había luchado. Yo leo, hoy: se pasó la vida esperando que pasara el tiempo.

Ahora quiero que se detenga aquí, en este momento preciso de enfado, insatisfacción, de sentirme taimada aunque sin grandes tragedias.

Cuantas veces he oído no te regodees.

Me regodeo.

En bucle.

Sin salida.

No hay salida.

No la busco.

El tiempo es tan pequeño que no me va a dar para encontrar la puerta de atrás… esa que tiene largas escaleras que llevan a la azotea desde donde ver el horizonte y, si me elevo sobre las puntas de los pies, incluso un poco más allá.

Qué triste estoy, hoy, de lo pequeño que es el tiempo,

del polvo de oro que se va con el viento.

Grandes éxitos

 

La de cosas que tenemos.

Deshacerme de todo.

Necesito deshacerme de todo.

Sentir que viajo realmente ligera no para las vacaciones sino para la vida.

No expresar para buscar mi expresión fuera de mí.

Los objetos me pesan. La ropa me da calor. Lo electrónico me desconecta. Como con las manos. Camino descalza y esto es lo que soy: un ser en su cascarón de huesos y vísceras y piel, no necesito más envolturas.

Esta casa con ruedas a veces me sobra también porque las estrellas brillan fuera y no aquí dentro y no quiero resguardarme de las estrellas.

Solo quiero protegerme del peso de las cosas, del peso de todo lo que creo necesario y me estorba.

Siempre me pregunto qué es lo que queda al final, tras un viaje, tras una vivencia o después de un fugaz pero intenso encuentro. Qué deja en las orillas el río de la vida, qué no se lleva la corriente ni se desbroza con las rocas ni se desgasta con el roce del agua ni se atrapa en una presa ni se acaba en el mar.

Aquí mis 28 “grades éxitos” de este largo verano dejando muchos momentos fuera de este MIX ¡tantos que son invisibles e innombrables! No se pasarán de moda por mucho que el río venga fiero y suenen y suenen. Su sintonía habita en mí.

1) Corremos por el bosque: él con esa piel del norte que soporta estoicamente el calor y la humedad. El mar al fondo. Nuestros hijos nos esperan en casa, el tiempo ha corrido y milagrosamente seguimos un poco siendo los mismos.

2) La plaza se mueve mientras nosotras permanecemos inmóviles ajenas a lo de fuera, comiendo y bebiendo durante horas, charlando de todo lo que nos inquieta y nos emociona. Alrededor la plaza suena y se mueve.

3) Miramos el atardecer desde la cubierta y los delfines vienen a saludarnos, con los brazos hacemos un corazón. Juntos parecemos una tribu majara y divertida y somos invencibles cuando bailamos con el pelo, como pulpos, dando botes en círculo… cada cual a lo suyo gracias a la generosidad de M la gorda y al amor que nos une y pata palo y “vivir vivir lalalalala”… Qué suerte tenemos del pez y la sirena… y de entender “mi gente la vida es una”.

4) Cogen ranas diminutas mientras arañas gigantes se comen una mantis… Escalo lo más alto que me atrevo con la intención de tirarme… y cuando estoy a punto de rajarme voyyyuuuu  y me deshago en el río.

5) Mermelada de castaña, galletas de canela, pizzerías ambulantes… y una regresión a tantos viajes de vidas anteriores.

6) Por la mañana una crisálida de cigarra descansaba en la chancla ¿solo el capullo? Al rato la chicharra adormilada nos da los buenos días desde el fondo del zapato.

7) Buscar agujeros, regletas, un pie, una postura, controlar el ácido láctico y luchar con la sensación de vacío… ser dueña de cada movimiento, de cada pensamiento, de todas las decisiones. En el reposo miro un castillo en la colina que habla de tiempos de cátaros y mujeres luchadoras. Parece que el pájaro no está a gusto con mi presencia y se le escapa la lombriz que sobrevive milagrosamente y deja que tú la domestiques por una tarde.

8) Colgando encima de unas zarzas:

—¡Joder y ahora qué!

—Mami yo preferiría estar en la furguito.

—¡Y yo cariño pero esto es la aventura !

9) Por la ventana, febril, escucho a unos paisanos jugando al mus; la Pepa va ganando y me recuerda a la mujer jugona y pendenciera que ya no espera noticias de mí.

10) Me pide que suba el volumen y juntas cantamos Persona a todo trapo, baila con sus puñitos cerrados…

11) Hay un paisaje al que vuelvo y me vuelvo melancólica, parece que mi mirada aquí se posa en todo lo que una vez fui, lo que fuimos mientras nos trasformábamos. Vieja, niña, joven confluyen en la sierra, arremolinadas como nubes enganchadas a la cumbre, apretujadas como antes de una tormenta, liquidas y gaseosas me llenan el estómago de mariposas.

12) En el arcén crece un girasol enano que ha sabido abrirse paso en el asfalto y no se deja vencer por la soledad ni el alquitrán.

13) Ella dibuja una falda movida por el viento, él hace mi retrato, yo leo Informe del interior, suena Massive attack. Me sonrío ante el día que abriré para algo este libro y todos los dibujos caerán al suelo.

14) Toc toc toc, uuuuu sssss… latidos, gotas, truenos, viento, frío, calor… y tus brazos mi guarida.

15) Las gotas de lluvia son tan finas que sobre el cristal hacen un dibujo de arenilla difuminada y tras ellas los niños pedalean hacia la calle empedrada, recién alumbrada por dos farolillos.

16) Buscar un sector entre garrapatas y caminos desplomados… oh la aventura de buscar… y las niñas en su mundo de juego nos producen tanta felicidad que realmente todo es fácil juntas.

17) La luna llena ilumina rostros queridos y otros recientes que sin embargo se vuelven familiares por la fuerza que emanan. La campana suena y guardamos un respetuoso silencio. Al rato el mil flores llena las copas y los chavalones siguen haciendo de las suyas mientras en la cabaña pasiega dos niñas duermen profundamente.

La casa es un pequeño escenario de biombos y mesas desmontables y camas móviles… Los actores, directores, escritores, bailarinas… hablan de su particular éxito: no intentar nada concreto cuando creas solo expresar.

18) Le he visto crecer y ahora dejo mi vida en sus adolescentes manos. Coloca el grillo, empiezo a escalar y siento una mezcla de miedo y cómplice cariño. Una mezcla de inseguridad y tremenda certeza de que no me dejará caer y eso le hace más cercano a pesar de todo lo que inevitablemente en esta vida nos aleja.

19) Melancólica y ausente de mí, desdoblada siempre entre la realidad y lo imaginario.

20) Lluvia fina, chocolate caliente bajo el techado. Intransigente, incapaz de estar en sociedad, incapaz del amor. No sé dónde está el límite entre respetar al otro y defender aquello en lo que creo… me siento poco guerrera, impregnada de esta sociedad hasta la médula. Odio al mundo y me odio a mí por mi intolerancia.

21) Debilidad por las marquesinas, fotografío todas las que encuentro para un posible estudio que jamás haré. Esas manías que reconfortan.

22) Los sauces llorones abren un siniestro y bello camino hacia el acople en esa playa del norte, el mismo de cuando crecías dentro de mí. Y las sardinas nos unen entre olas y rampas donde deslizarse en felices reencuentros.

23) Su imagen descalza, recién duchada, en albornoz, regando las plantas al sol.

24) Llevo rato mirándolos, aquí tumbada, son dos y no sé si se pelean o juegan o se abrazan esos castaños gigantes movidos en el viento. Cierro los ojos y detrás de los párpados el sol y la sombra de los árboles me llevan a realidades paralelas.

25) Hacer de jueza en un concurso de tortillas, acompañarla en su cigarro nocturno para hablar de todo y de nada y disfrutar de su compañía incondicional o ese pueblo okupa en el que sentimos que otras maneras de hacer la vida son posibles.

26) En la piscina veo las imágenes de ese hombre que se casó con los pies sobre la mesa y ya no está y en sus ojos húmedos sobrevive y quiero que este momento nos sobreviva.

27) Paseo recién levantada y me sorprende el rocío durmiendo en maravillosas telas de araña, como ayer mis dedos se sorprendían agarrando el sílex atrapado en la caliza o mis labios deslizados en tus labios.

28) En una terraza, convalecientes, las croquetas de cocido nos reconfortan a los tres, aunque sabemos que esta compañía es nuestra cura y como he leído hoy “un buen día+un buen día=una buena vida”.

Me cuesta hacer fotos o elegir instantes porque siento que desvirtúo un momento dándole peso en el futuro para fugarlo del presente, pero inevitablemente la música que suena o que resuena me mueve…

Con lerelelere te veo haciendo el payaso y ojos color sol me llevan al mundo que merece su gran oportunidad. Los garrapateros nos viajan a Chulilla, y resistiré me trae tus lágrimas de impotencia y emoción, y entre las cejas bailamos los tres libres de juicios en esa casa de vigas. Gracias a la vida a las lágrimas de perdida. Y los titiriteros me llevan a una tarde en lavapies, a mi madre… pueblos del mundo a una playa donde junto a los maitias le das otro aire al tema.

Y mientras pinchamos una canción cada uno me trasporto vacía de objetos y materias…, a otras versiones de nosotros y a un futuro donde las mismas canciones me traerán a esta carretera de montaña con una luz que parece de otoño, una vida en movimiento y un viaje que, por suerte, nunca acaba.

Gracias

Lo tengo aquí, entre las manos. El olor del papel recién cargadito de tinta es de mis olores preferidos. La mariposa se escapa por arriba mientras la tortuga pasea tranquilamente, con parsimonia. Cada cual acorde a su naturaleza, como debería ser.

Las Gracias en la mitología griega eran las diosas del encanto, la belleza, la naturaleza, la creatividad humana y la fertilidad.

Va por ellas o por todo lo que representan y también va por esa gran virtud que es para mí la gratitud y por el lindo regalo de tener un libro entre las manos que hizo un largo viaje: del corazón a la cabeza a las entrañas a las manos al mundo cibernético al papel a…

Dar las gracias siempre se me alarga porque tengo ¡tanto que agradecer! en abstracto y en concreto. Me voy a centrar en agradecer todo lo relacionado con este blog del que nace la idea de este nuevo libro Mujer Mariposa, Mujer Tortuga.

Gracias a Desnivel en general y Darío, Carmen, Yáñez, Marijo, Javi y Lluis en particular. Por apoyarme siempre, cuidarme, creerme, y dejar que mis palabras vuelen cibernéticamente y se materialicen en este objeto que tanto adoro.

Gracias a este invento del blog que hace que sea fácil escribir y leer sin barreras, ni espacio, ni papel, ni tiempos, ni fronteras y que las palabras te puedan conectar con aquellas personas que te leen, no como entes invisibles, sino como alguien al otro lado dándole su propio sentido.

Gracias a las y los incondicionales que estáis en ese otro lado, que me leéis y me inspiráis, en especial:

M, Berto, Chisti, Presente, Gorri, Rosaura, La Que Ríe Llorando, Coqui, Cualquiera, Raquel, Alex, Bego, Eiderelizegi, Lupita, Aitana, Aitor, Trond, Ángela, Clarita, Ana, SilviaRicenwind, Felipecolorado, Diego, Edu, SoledadGallardo, rojo, Mali, Marta, Helena, Eva, Sara, Debbye, JuanjoSultán, Lau, David, Julia, Pipi, Amaia, Abby, NuriaHernández, Carmen, Steppen, Yendris, Gonso, J.

Gracias al tiempo que, como un bumerán, te devuelve lo no resuelto para que tengas otra oportunidad. Hace unos cuantos años cuando se editó mi primer libro Andando la vida, Beata, la editora, me recomendó cambiar el nombre… como soy cabezona y me cuesta desnombrar algo que llevo tiempo llamando y acariciando (me parecía que lo despojaba de cierta identidad), no lo hice. Uno de los nombres barajados por ella fue Mujer Mariposa Mujer Tortuga… ¡me gustaba tanto ese título! Pero estaba tan aferrada a “mí” nombre que lo dejé ir… o mejor dicho se quedó a la espera, paciente como la tortuga de Esopo.

Gracias a La Mariposa y su metamorfosis; huevo, oruga, crisálida… esa grieta que se abre y rompe a volar, y en su vida breve, diurna o nocturna, atrapa todo lo fugaz, instantáneo, como símbolo hermoso de la trasformación.

Gracias a la música que me acompaña, esos temas escuchados vuelta y vuelta que han marcado muchas de estas líneas. En especial Persona entre paréntesis, que pondrán melodía en la celebración del nacimiento.

Y a esas poetas, escritores, que me han inspirado tanto durante este proceso creativo, muy presentes: Wisława Szymborska, Daniel Pennac, Raquel Bullón Acebes, Eider Elizegi, Helena Santolaya, Lennon, Kilian Jornet, Antoine de Saint-Exupéry, Pablo Neruda, Edu Sallent, Emily Dickinson, Violeta Parra, Julia de Burgos, Ivan Doig, Daniel Benioff, Haruki Murakami, Pura Vida, David Eloy Rodríguez…

Como estas páginas para mí son como una radiografía de mi día a día, del sentir, del pensar, del vivir… tendría que agradecer a quienes me acompañan en las rocas, el asfalto, las flores, el camino que es la vida, ¡hay tanto vuestro aquí! sabéis quienes sois y dónde estáis ¿a que sí?

Gracias Mamá, Papá por enseñarme a creer en las personas y las historias, os echo de menos y os busco a menudo en cada punto suspensivo.

Gracias V. Te dediqué este libro, mi amor, porque hay mucho de ti, mucho de ese crecer a tu lado, cambiar a tu lado, ser a tu lado mi parte más auténtica y ancestral eso que no se explica ni con miles de palabras pero que me inspira cada día.

Gracias a la perspectiva que me hace desprenderme de todas las palabras escritas como si las hubiese creado otra, ya no me pertenecen y no las siento mías y eso me hace libre y las hace libres.

Gracias S porque tu voz mece mis sueños y tu mano sostiene mi camino.

Gracias a ese arco iris doble mientras la lluvia nos moja sin importarnos: cuando estamos juntos somos impermeables.

Gracias a La Tortuga primitiva, lenta como el mundo, de pies ásperos y fuertes, y arrugas y coraza.

Y Violeta canta «gracias a la vida que me ha dado tanto me ha dado la risa y me ha dado el llanto» mientras los aplausos acompañan tu partida… Dejaste tu caparazón en tierra, en tu mar… y ahora vuelas y vuelas libre quién sabe a dónde, mientras aquí tantos te echan en falta.

Te doy las gracias por todo lo que has dejado, tus pedazos, y una frase dicha me retumba en la cabeza: me hacía compañía saber que existías.

 

Poco común

Me gusta como huele cuando llueve en primavera.

Me gusta que las frases hechas se desmoronen buscando un nuevo sentir a las palabras, porque si todos los caminos llevan a Roma ¿Cómo narices vamos a salir de Roma? Y el sentido poco común redimensiona la realidad hasta hacerla totalmente diferente, perdiendo el sentido común en busca de la propia sabiduría desde dentro hacia fuera y se cuestiona todo venga de la fuente que venga (a no ser que “la fuente” sea alguien a quien se quiere mucho y que nunca ha dado motivos para dudar, para eso sirve el amor y la amistad).

Me gusta amarte tal y como estás en cada momento.

Y sorprenderme cada día.

Me gusta que, como dice Brené Brown, “difícilmente una respuesta pueda mejorar las cosas”.  Y olvidarme de las palabras para no decir nada y solo abrazarte, mirarte, conectar.

Al fin y al cabo estos son pensamientos de alguien que vive encima de una roca pensando que es su propia isla.

Me gusta caminar sobre la fina línea que separa todo lo importante.

Me gusta “Déjame vivir” en esa sala preciosa, antigua, fuera de lugar… porque viene de la mano de un chico que vive a su manera y ese es su éxito.

Me gusta pensar que cuando doy a “me gusta” estoy siendo sincera y no simplemente intentando comunicarme.

Hace más de mil años y durante siglos, mujeres de algunas regiones de China utilizaron una caligrafía de 2000 caracteres incomprensible para los hombres llamada nushu. Se dice que la inventó la concubina de un emperador para poderse comunicar con sus amigas sin ser descubiertas. Me gusta que nuestro lenguaje secreto no necesite códigos ni caracteres.

Me gusta creer que soy capaz de leerte y que al minuto me parezcas indescifrable.

Estoy mirando por la ventana y me gustan como se pierden a lo lejos unas enormes nubes de agua, de esas gordas y blancas que parecen hongos nucleares o esponjosas camas de algodón y ella imagina que puede saltar y saltar.

Me gusta la piel de gallina: por una canción, un paisaje, un texto, una imagen, un roce.

Me gusta ser consciente de que la libertad es una putada: compromiso, elección, asumir riesgos, aceptar consecuencias… y elegir la libertad.

Y las praderas siguen llenas de flores a pesar de nosotros.

Me gusta lo que dijo Ortega y Gasset: lo que diferencia al hombre del animal es que el hombre es un heredero y no un mero descendiente.

Lo peor de intentar convencer es que sueles insistir en tener razón incluso cuando no es necesario que alguien tenga razón. Me gusta perder la razón y el sentido y la ropa y las alas y jirones de piel y la memoria y la vergüenza y el tiempo…

Me gustan los lugares donde el cielo puede empequeñecerte.

Y las conversaciones que te enriquecen tanto que puedes comer de ellas mucho tiempo.

Me gusta que mi compañía calme tus miedos.

Y charlar al aire libre, el viento de tormenta, las caminatas bajo el sol de invierno, las noches de verano con las luciérnagas latiendo en los arbustos, los besos bajo un cielo sin luna atestado de estrellas…

Me gustan todas las vías que he hecho y sobre todo aquellas que me quedan por hacer.

Me gustan las cartas escritas a mano. Y tu mano sosteniendo mis sueños y tu voz, solo tu voz, viajando siempre en mí.

Me gusta tener teorías y referentes y también pasármelo todo por el forro.

Me gusta que la aventura forme parte de cada día.

Me gusta casi cualquier cosa morada.

Y la exploración, la incertidumbre, el entusiasmo, la valentía.

Me gusta entrar en otro mundo y me gustan los misterios. Y preguntarme ¿dónde tengo la cabeza? Y notar que no la necesito.

Me gusta la nostalgia de los momentos que ya no volverán, no solo porque pasaron hace tiempo y son irrepetibles sino porque nosotros ya no somos los mismos.

Me gusta que puedas llamar a mi puerta y que siempre la encuentres abierta.

Me gusta echarte de menos y ser consciente de que no estás. Me hace muy consciente de que estoy.

Me gusta un corazón de viento.

Me gusta imaginar para ti un mundo nuevo que se basa en confianza, generosidad, libertad, creatividad, pasión, entrega, cuidados.

Me gusta pensar que lo que hago vale la alegría y no la pena.

Me gustan las cosas usadas, gastadas, vividas, prestadas, remendadas…

No hay nada más vivo y más auténtico que un niño. Me gusta estar cara a cara con la autenticidad, con la parte cruel de la inocencia que no tiene filtros y te hace ver lo artificial o poco auténtico que hay en ti, que hay a tu alrededor.

Solo puedo creer lo que he vivido o experimentado… me gusta la vida.

Me gustan los finales que son principios. Y desprenderme de lo común para buscarnos un lugar poco común donde estar y ser como queramos, sin sentido. Te espero ahí.

El charco habitado

Pasamos por encima con nuestro andar invasor y descuidado, pero ella dio un salto desafiante en mitad de la noche.

Y descubrimos que en medio de ese monte donde siempre es otoño y los árboles aún están por florecer, con el brote preparado, brillante, a la espera de un calor más cercano. Ahí, en ese charco, vivía una rana. Había dejado el agua turbia embarazada por esa especie de placenta flotante donde se fraguaban los futuros renacuajos.

Dormir junto a un río, por la mañana buscar renacuajos y tritones, por la tarde vigilar como avanza la vida en el charco, volver siempre de noche de las paredes mientras las abejas duermen tras un laborioso día de trabajo en el romero florecido.

Mientras escribo en este cuaderno negro, que hace años me regaló mi mejor amiga, se posa una mariposa parda, igual que la que aplasté con mi mochila el día anterior.

¿Y éramos felices, ahí, en ese charco? Sí, mucho. Te contestaré esperando que esa referencia y lo poco de mí que te puedo regalar, sea el lugar al que quieras volver cuando viajes al pasado. Quizá debería esperar que no quisieras viajar al pasado pero entonces puede que no quede nada del charco donde la rana le cantaba a la luna.

Y no se me olvida que hay tantas cosas que tendré que aprender desde el principio. Hemos visto a las primeras luciérnagas, escuchado a los primeros grillos y alimentado a un escarabajo carnívoro. Aquí donde las antenas no alcanzan y las ondas se quedan perdidas entre los ecos de los valles y las paredes.

Filosóficamente hablando de escalada o alpinismo lo que más me atrae es la idea de asumir riesgos. De saber lo que puede pasar y aún así decidir hacerlo. Va en contra de la naturaleza de perpetuidad del ser humano. Igual que aceptar la muerte con calma, con alegría, es su rebeldía… Y la de ella es no dejarse vencer por la muerte, intentar no apagar la curiosidad por vivir y ver más y más. Y los dos saben que se han dado todo lo necesario en ese lujo de relación incondicional. Y ella dice: que corra el aire, sin percibir la primavera, y él nunca deja de construirle origamis de papel con formas de molinos y colores esperando su viento.

«Las ideas son como peces», dice David Lynch, «Si quieres pescar pececitos, puedes permanecer en aguas poco profundas. Pero si quieres pescar un pez dorado, tienes que adentrarte en aguas más profundas».

Con un café humeante y el sol colándose entre las palabras intento atrapar pececillos, mientras suena una y otra vez Girl from the North Country. La segunda canción del segundo álbum de estudio de Bob Dylan, publicada en 1963, pero escucho la grabación en dúo del tímido Dylan al lado de su idolatrado Johnny Cash, voces que se mezclan y en lo profundo mezclan mucho más que voces dejando colgada en una melodía, en el ADN de las notas y los acordes dos visiones, sin edad ni diferencias. Me conmueve ese tema… si pudiera viajar en el tiempo sería cantante de rock en los setenta, o pincha en una radio de esas piratas que estaban en un barco en mitad del mar… me conmueven dos grandes de la música cantando a corazón abierto dejando de lado egos para dar lo mejor de los dos para los dos. Y esa melancólica letra de esa ciudad del norte donde los vientos golpean fuerte la frontera, y vive una chica de cabellos largos que dan vueltas… y se pregunta si le recuerda, en otro tiempo ella fue mi verdadero amor…

«Abre las alas, le dijo la tortuga a la mariposa, mientras la tortuga se acurrucaba en su caparazón, sostenida, cálida, feliz… y la veía volar y volar hacia las flores»

Aquí estoy viendo volar a una mariposa idéntica que la que aplasté ayer con mi mochila, y oigo voces infantiles que gritan ¿ves cómo no estaba muerta?

Y es que se me olvida que no tengo que olvidarme de aprender todo desde el principio.

En el futuro, si puedo viajar en el tiempo, seguro que vengo aquí, a este charco vivo, a esta compañía mientras de fondo suena una y otra vez la misma canción.

Cosas del viento

Lucha por salir, pero la piel es tan dura, los músculos tan duros, los huesos tan duros que se da cabezazos sin saber qué hacer. Se choca con otros cuerpos, en búsqueda, se sube por paredes en búsqueda, corre y corre… pero no lo consigue. Y busca el cuerpo como conexión, como expresión, como sentir que va más allá de la palabra y de todo lo demás, dos almas que luchan con la carne por encontrarse y conectar en algún lugar intermedio entre el miedo, el deseo, el amor, LA ESPERANZA

Estoy fuera del mundo.

Hoy que todo es poesía.

Aunque los lunares en el cuello y en la ingle, me hagan creerme parte del mundo, el universo sigue su curso sin pensar en mi existencia.

Estoy muriendo en mí, no pertenezco a lo que veo ni a lo que siento, en un limbo solitario incapaz de comunicarme: muda, ciega, sorda, inmóvil.

Como espectadora de mi propia vida.

La miro pasar, a veces me sonrío, otras me pongo triste, nunca sé qué hacer para subirme a ella.

 

No abras los labios si no estás seguro que lo que vas a decir es más hermoso que el silencio, ese proverbio Árabe le crea mucha presión, mientras piensa insistentemente “Vamos a arder bajo la misma noche”.

Si se calla se muere, se seca, se consume, se descompone. Por eso, aunque sea por su misma condición suelta lo que sea blabalabalabla…

¿Un idioma también es una manera de pensar concreta? Es imposible que piensen de la misma forma una lengua que contiene el subjuntivo (tan ambiguo, tan interpretable, esquivo) que otra que no lo tiene… pero en lo esencial podemos conectar porque ¿reír, amar, soñar, sufrir, comprender, soltar…? ¿se pensará igual en todas las lenguas?

La primavera entra por su ventana y tiene ganas de volaaarrrr pero de momento solo se desliza por el teclado… LAS PALABRAS

 

Puede ser un atardecer. El viento refrescando mi axila mientras escalo. La princesa patinando entre escombros, la luz sobre los árboles, respiraciones.

Mirarla reír, su voz mientras me lee en alto en esta guarida que nos hemos buscado, ¿o quizá él es mi guarida?

Le abrazo mientras ella desafía las convenciones de las princesas moviéndose entre macarras y grafitis, y un dulce olor a almendro viaja entre nosotros y nos rescata la primavera.

Sé que si me voy una parte de mí se quedará aquí, como el polen que se va esparciendo y esparciendo… pero el polen ¿sentirá nostalgia o solo la alegría de dar vida?

 

Él sueña con seguir adelante, ella con un mundo nuevo, él nunca mira hacia atrás ella siempre se para en cada flor, ella le caza en una esquina y él, inexplicablemente se detiene. Él le pregunta ¿te he dicho ya que eres preciosa? Ella le contesta: con palabras no. Él se agita, quiere sentirla pero viven en universos dispares y él se resiste y ella quiere detenerlo siempre. Están en un continuo desencuentro y eso que solo quieren permanecer a su ritmo, ¿el uno sin la otra serían imposibles? ¿Se desvanecerían? EL TIEMPO Y LA MAGIA

 

Te robo tu visión de mí, como un beso furtivo, porque somos a la vez lo que los demás ven y lo que nosotros mostramos y también aquello solo nuestro que nadie más conoce.

La cicatrices, el sendero, la mirada sensible.

El sonido más relajante, los pájaros y el aire cuando el techo es de nubes y los viajes, el silencio, la nada.

Lo que más me gusta de este equinoccio es el viento, suena a metal, vibrante, como una hermosa anunciación: dulce y violenta.

Me dejo llevar por la esperanza, por el amor, por las palabras, por el tiempo,por la magia… Hilando, en la tarea de tejedora de palabras, como una araña laboriosa y completa.

Ha vuelto el invierno a despedirse.

 

Respiro… sigue el sabor del Sahara

RESPIRA… Ya se pasa.  Eso pone en una bolsa para vomitar del avión.

Recién aterrizada con arena aún entre los dedos de los pies, el corazón algo encogido y la cabeza medio al revés… respiro y no se pasa.

El coche corre entre el polvo y solo se distinguen brumosas y enclenques las acacias del desierto.

Recuerdo un cuarto envuelto en vapor con una ventana pequeña por la que entra un rayo de sol, grueso, en el que puedo contar las motas de polvo. Me gusta el sonido del agua cayendo desde el cubo, el agua caliente sobre mi cabeza, el polvo que se va, el sol que se pega a la piel mojada en un abrazo de rayos.

Ya me despido de esta tierra desolada y viva. Tengo la piel de desierto, los ojos de desierto, el pelo de desierto, el grito de las mujeres saharauis retumba en mis tímpanos como una alegre despedida.

Si me quedo un rato en este rayo de sol puedo convertirme en un pedacito de desierto. No ser nada y serlo todo, la vida que trascurre sin más, la arena que navega sin más, el sol que se cuela sin más. Y le digo a Eslaca si vendrá a verme a España. Detrás de la melfa, me contesta una atrevida voz en castellano «No, mejor yo te espero aquí». Solo espero que esos lindos ojos y esa viva alegría no se conviertan en un pedacito más de desierto, de olvido.

Y el aire de secador natural mece mi pelo de ceniza mientras los niños corren con los zapatos en la mano, sus pies ya conocen de sobra el tacto ardiente del desierto. No sé en qué momento entenderán que aquí no están con el mundo bajo sus preciosos pies sino a merced de la arena, del viento, de los recovecos de la política y los intereses internacionales, de la ayuda externa que acaba acomodándote con la etiqueta de refugiado que te impregna de una dependencia que no te deja ser autónomo ni en lo más elemental, como una sutil falta de libertad.

Me cansa todo aquello que se expone desde la queja o desde un espíritu reivindicativo y guerrero. Quiero huir del discurso panfletario, me cuesta encontrar desde donde hablar de toda la situación del Sahara Occidental ya que tengo opiniones en ocasiones poco definidas, sentimientos encontrados y por supuesto ninguna verdad que pueda hacer brillar ninguna luz al final del largo túnel de cuarenta años de exilio.

Sois nuestros ojos, decía en un discurso uno de los miembros del Frente Polisario. Joseph Conrad habló de las palabras que se entrometen en lo que se quiere decir… Mis ojos buscan palabras que no se entrometan entre imágenes y emociones. Pero nunca serán de mirada tan pura y directa como los de la joven Rabía.

Y la frase «correr por los derechos humanos en el Sahara Occidental» que reza este solidario Maratón del Sahara que me ha llevado hasta aquí, me retumba en la cabeza.

Y solo integro lo que vivo. Lo que me cuenten, lo que lea, los documentales, los artículos y los textos como este que estoy escribiendo… me pueden hacer reflexionar, despertar cierta conciencia… pero mi realidad es que si no pasa por mí, por mis ojos, por mi respiración, por mi estómago, por mi piel… soy incapaz de interiorizarlo y conmoverme hasta el compromiso.

Por eso cuando digo que he corrido por los derechos humanos ahora lo digo sinceramente, no como slogan solidario.

Mis piernas que se han arrodillado en la casa de Fatma, una casa de adobe siempre llena de gente donde los vecinos, los amigos y los familiares vienen a tomar el té a cualquier hora como un acto social y humano. Piernas que se han impulsado por el pueblo saharaui que fue ocupado por Marruecos hace cuarenta años en pleno proceso de descolonización española. El gobierno de turno, y posteriores, les han dado la espalda,  hace 22 años que han dejado las armas en post de un decreto de autodeterminación del pueblo saharaui que nunca llega… aunque la soberanía marroquí no es reconocida ni por las Naciones Unidas ni por ningún país. Mi espalda se contrae ante esta falta de horizontes que no dibujen la silueta de un tanque.

Mis pies, que fueron delicadamente decorados con gena por las cariñosas manos de Eslaca en esa habitación que vale para todo, “la sala de ser” le llamaría yo. Ahí dormimos juntos: niños, adultos, visitas, hombres, mujeres… La cercanía de otro cuerpo no los incomoda, al contrario, les reconforta. A mí también. Pisaban por su derecho a volver a su tierra con esos pies nómadas que resistieron la ocupación: algunos desde la lucha, otros se fueron perdiendo hacia el desierto, esta vez no en busca de agua para sus camellos sino en busca de libertad.

Mi corazón que latía al ritmo de su música en cada desayuno, cada cena… porque el silencio no es un bien muy preciado por aquí, todos hablan y cantan mientras alrededor algunos duermen. Liberados del insomnio en esta tierra.

Se desbocaba por esas mujeres y hombres maltratados, torturados, humillados, en la zona ocupada. Mi corazón, mientras corría, intentaba saltar las piedras que bloquean un pueblo partido por ese muro de la vergüenza con 2.700 km (el muro más grande del mundo) con militares y minas antipersonas, muchas de ellas fabricadas en España, construido por Marruecos para separar el territorio ocupado del liberado.

Mis poros, resecos por este desierto que todo se lo come, incluso la basura que a nosotros tanto nos asusta ver (creemos que porque no la veamos no hay mierda en todas partes)… sudaban por esos tratados absurdos que Marruecos firma con Europa sobre la explotación de los recursos naturales, en detrimento de que el pueblo Saharaui regrese a su tierra.

Derechos humanos: qué lindo concepto, qué fácilmente nos los saltamos por intereses socioeconómicos, geopolíticos… y dejamos la vida de muchos en manos de muy pocos sin sentirnos sus compinches. Pero si no lo has comido, bebido, respirado, sudado… si no ha pasado a través de ti es muy difícil de entender.

Me llegan mails de Amnistía Internacional, veo noticias sobre Siria y Ucrania y Corea y me estremezco mientras pienso lo que voy a hacer hoy para comer.

En la entrega de premios las mujeres cantan, como dice el alma máter de todo esto, Diego Muñoz Avia, «El Sahara Maratón es la única carrera del mundo en la que los verdaderos protagonistas no son los que están en el podio». Todo es fiesta y alegría y folklore. Aún así hay quien sale con su bandera particular, o con la pancarta de su proyecto deportivo… y entonces me pregunto qué les estamos pidiendo a los dirigentes del mundo. Echo de menos a gentes sin banderas.

Ya en la cinta de recoger el equipaje parece que todos recogemos nuestro yo de aquí, conectados de nuevo a los móviles, ya no nos miramos a los ojos, no buscamos el sol tras las dunas, ni las mujeres bajo sus melfas, ya estamos aquí. Pero seguimos sin ser capaces de estar ahora, y eso que venimos del presente absoluto, de un lugar donde el futuro no existe, donde pensar en mañana es casi hacer una fotocopia del día de hoy y aún así qué capacidad para vivir la alegría por la alegría… mientras el tiempo discurre a ritmo de té, como prueba de generosidad y paciencia de los saharauis.

Pienso en la imagen colorida de Eslaca perdiéndose en la inmensidad de la nada, buscando un lugar donde esconderse… camino por los pasillos brillantes del aeropuerto a la caza de mi equipaje. Pero mi equipaje, el que importa, lo llevo ahora en los ojos y se me llenan de lágrimas ante el velo rosa al viento del desierto, y los ojos maquillados con cuidado.

No siento vergüenza caminando recorrida en lágrimas.

No miro a nadie, nadie me mira. Nadie se va a acercar a preguntarme si estoy bien, esto no es el Sahara, donde la intimidad no tiene mucho sentido. Tiras una moneda al suelo y milagrosamente se han enterado en la otra punta del desierto. Tu espacio personal no es algo que puedas rodear con los brazos.

Y siento, como occidental que mira desde su ventana, que tenemos una tremenda necesidad de deconstruir para poder construir. De compartir con ellos no solo lo nuestro sino también lo suyo, para enriquecernos todos.

Mis pies recorren el camino de carteles, etiquetas, anuncios, tiendas… vivo lo solos que estamos en este mundo tan limpio en la superficie, tan educado en la superficie, tan libre en la superficie. Aquí no pasa lo que decía Nezha que las vecinas, si no vas a verlas, vienen a tomar el té contigo.

Las maletas caen una por una y hacen su recorrido. Me seco las lágrimas mientras todos esperan.

Ha pasado una semana. Respiro. No se pasa.

Muerta la Superwoman

Ha sido asesinada la Superwoman. También dicen que suicidio. Yo pienso que se dejó ir… cansada de ser tan perfecta. De cargar con el peso de siglos y siglos de opresión. De lamerse las fragilidades por miedo a no ser lo suficientemente independiente.

De tener que demostrar constantemente todo lo que vale y que además vale para todo.

Con ese feminismo que a veces se convierte en una pesada carga. Y ese machismo que la aniquila.

En algunas esquinas las mujeres que venden su cuerpo la hacen creer que aún queda mucho para la libertad.

Las paredes y el musgo y esas manos que se mueven entre liquen antiguo la ponen en una dimensión más salvaje y esperanzada.

Decide dejar la comida al fuego, la cama sin hacer, el texto sin terminar, mil libros por leer, muchos hijos por tener, paredes sin explorar, los besos (eso sí) por todos los rincones… el teléfono suena pero no lo piensa coger. Se va un rato al mar.

Y ya no vuelve más.

El cuerpo no ha sido visto lo que hace que el suceso se convierta en una verdadera leyenda urbana.

Dicen que la Superwoman se ha hecho transexual, otros hablan de un posible exilio a una isla donde solo ¡solo! ¡¡¡¡solo!!! se habla una lengua a base de monosílabos y los monos campan a sus anchas. Algunos aseguran que, en contra de todas las versiones habidas y por haber de Superwoman, ha ido en busca (por supuesto no vaya usted a creerse que las cosas han cambiado tanto) de su príncipe azul. Una gran parte de la gente opina que está con Elvis. La versión más aceptada es que su cuerpo apareció descuartizado en tantas partes como mujeres habitaban en ella.

Han hecho camisetas con su foto, cosa que la habría horrorizado.

Estoy agradecida de esta gran pérdida, ¡por fin, que cansina, ya era hora!

¿Si existiese la reencarnación cual sería la de la Superwoman? Me gustaría que fuera una mujer cíclica. Será porque me siento cúmulo de ciclos e incongruencias.

Serán las brujas, no las de los cuentos clásicos con verrugas y un gran dolor que les produce mala leche descomunal, sino mis brujas particulares, que probablemente no he inventado yo pero que voy a intentar definir. Más que nada para estar preparada cuando mi hija me pregunta si las brujas existen.

Mujeres que conocen su cuerpo y el poder que tienen en él. No hablo de ese poder de guerra sexual que nos ha otorgado el patriarcado, sino el poder de su sexualidad: sus ciclos menstruales, su orgasmo, su embarazo, su parto, su amamantamiento…

Disfrutan de este círculo en el que se convierte su vida gracias a la menstruación, cansadas de que digan que con la regla estás así o asa.

Saber que yo soy esa… no la mujer alegre de la primavera, la sensual del verano, la melancólica del otoño, la cerrada del invierno… soy todas ellas en un solo mes.

Y estas brujitas que a veces nos reunimos en akelarre alrededor de un fuego, en una terraza junto al mar, tras subir esas empinadas escaleras de “paz” para que las hadas que cuelgan de las ventanas viajen a través de las nubes y el bosque. Otras en una casita con niñas y alimentos en el puchero. A veces al pie de una pared en busca de ese horizonte que nos equilibra y nos impulsa. Muchas simplemente en familia. En ocasiones los brebajes no son más que una copa de vino, una cerveza, una infusión de hierbas ¿mágicas? O algo que porte muucho azúcar. Y los conjuros son secretos susurrados, promesas de “esto que no salga de aquí”, o irnos de la lengua porque total las palabras siempre se las llevó el viento.

Y de Superwoman no se habla mientras nos reímos a carcajadas al hacer palabras con el cuerpo.

Y reivindicamos nuestra sexualidad, la del útero y los ovarios y las tetas y el clítoris y los orgasmos y los partos y la leche que brota de nuestros senos.

Reivindicamos esa femineidad que va más allá de ropas, culturas o peinados, iconos políticos o subversión social, que se lleva dentro, sin muletas, que cada una la muestra como le place, como le dejaron, como siente…

Y dicen que ha muerto esa mujer que está en guerra con ella y con ellos, que no encuentra un sitio en este mundo loco y agujereado, que no quiere ser hombre pero adopta lo masculino, que no quiere roles pero se enrola en lo sexy, que lo quiere todo y se descuartiza.

Adiós querida, que te vaya bonito, tuviste tu momento transitorio en la historia.

Se cuenta (en círculos secretos) que se ha trasformado de verdad y para siempre.

Ella va por el mundo con palabras. Entonces sí, ahí nos encontramos.

 

 

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