Solo el viento

Subo por las placas de granito. Estas placas tumbadas, imposibles, colocadas por algún gigante despistado después de hacer trizas cualquier cordillera. Con la mochila a cuestas, él lleva la colchoneta.

Estamos a la sombra, el granito huye del sol para que nuestras yemas se puedan agarrar a algo. Buscando los bolos por los que trepar… el viento trae de cuando en cuando nieve, y pumba culetazo a la colchoneta y como duele todo con este frío y esa canción que no se me va «solo el viento, solo el viento, solo tu voz, solo tu voz…» a veces la vida es fácil.

¿Qué hecho de menos en estos momentos? mis amigas que viven tan lejos, no tener la palabra exacta cuando la busco… ser capaz, cada día, de disfrutar de lo sencillo, de un copo de nieve, de una ráfaga helada, de todo lo que está tan cerca, demasiado cerca para aparecer en nuestros sueños.

Con este frío y las manos insensibles, intentado subir solo por el placer de subir (maldito masoquismo) me acuerdo de Gerlinde Kaltenbrunner. Si tuviera que buscar un titular para la conferencia a la que asistí hace poco sería el poder del optimismo o quizá la fuerza de la alegría.

Lo que más me gusta es que en realidad los seres humanos, y mira que lo intentamos, no seamos encasillables, que no valgan de nada las ideologías ni las creencias (mientras no sean extremas) si hablamos de personas, las personas son las que marcan la diferencia… Reniego de todo aquello que te recluye en este u otro cajón, desearía solo pertenecer al propio hueco de mis pasos y pensamientos.

Me resulta tan enriquecedor que las apariencias engañen, que lo que a que primera vista te parecía una cosa (para bien o para peor) acabe hecho añicos… pero es curioso como sentimos la necesidad de pertenecer a algo. Gerlinde pertenece a las montañas, es una gran alpinista, ha ascendido los 14 ochomiles sin oxígeno siempre con un alpinismo comprometido, alpino o semi alpino, equipos ligeros… es una mujer mediática, dura para vivir experiencias como la ascensión del pilar norte del K2… y la ves tan sonriente, tan enamorada, tan poco condescendiente, tan contenta con su realidad…

¿Qué sentirá allá arriba con el viento y el frío y la nieve hasta la cintura? Supongo que, salvando las distancias, algo parecido a lo que siento entre estas rocas con las yemas gastadas de tanto apretar. Algo muy cercano. Ese gusto por reencontrarse con lo que es solo para uno mismo, con lo privado ¿en qué momento han perdido su importancia los secretos? Este es mi secreto: este día, este sol, este granito pinchudo, estos músculos doloridos, solo el viento, solo tu voz, así son mis sueños… no se lo cuentes a nadie.

4 Comentarios »

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  1. … pero qué suerte que nos lo hayas contado así, muy bajito
    :-)
    Besos pequeños como estrellas de nieve, Pati!

    Comentario por vagamontanyas — 7 febrero, 2012 #

  2. que facil es subir contigo a la montaña, sin agujetas,sin dolor, pero notando el aire en la cara y la nieve en los pies,desde mi despacho respiro la libertad,
    fuera las etiquetas

    Comentario por berto — 7 febrero, 2012 #

  3. Cada vez que leo un artículo tuyo, me llenas de dudas existenciales, reacciono, aunque solo sea un breve momento, y me evado de mi mundo conformista, cotidiano y rutinario, para observar desde tus ojos las grietas de este mundo de mortales. Muy a menudo, me siento identificada con tus reflexiones, con tus sentimientos, frustraciones y apego a los pequeños placeres de la vida, a los cuales hemos de aferrarnos sin perder de vista quién somos…para seguir adelante intentando ser lo más felices posibles…aunque, a veces, solo sea un espejismo.
    Muchas gracias por hacernos partícipes de tu saber. Sencillamente, me encanta.

    Comentario por Barona — 12 febrero, 2012 #

  4. Excelente escritora , mejor persona , felicidades pati

    Comentario por Jordi gil — 13 febrero, 2012 #

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