En construcción

Como una serpiente primaveral o dañada o en puro crecimiento; me quito la piel y la dejo secar. Me despojo de todo con la absurda idea de construirme, intentando reinventar mi alrededor sin hacer reformas a nadie, cada cual es como es y en esas estamos.

Estamos entre la autovía y un supermercado. A la puerta de la tienda, en los contenedores, una familia rebusca a ver si encuentra la cena para hoy.
Es una familia como la mía, aunque más numerosa, como la mía aunque algo menos afortunada económicamente hablando (de momento), como la mía pero con un instinto brutal de supervivencia, como la mía, ni más ni menos.

Carretera y manta. Nos vamos de viaje con la casa a cuestas en busca del fresquito para escalar. Y mientras conduzco con el día apagándose, entre las últimas luces naturales y las primeras farolas, pienso que estamos locos. ¿Cómo puede haber gente buscando comida en los contenedores mientras yo me preparo para irme a escalar?

Siento una necesidad apremiante de mudarme de mundo, y de cuerpo y de costumbres. De vivir en comunidad, de aspirar esos aires tribales donde nadie deja que lo importante le falte a nadie, donde todos son uno, donde mi furgoneta se convertiría en una caravana con niños aquí y allá y madres y padres y amigos y la intimidad ¿a quién le preocupa tanto la intimidad?

La realidad es que estoy sola en la carretera, la noche ya cerrada, el silencio de las conducciones nocturnas… la realidad es que me alimento de paredes y de escaladas y de palabras y de sueños.

Todo parece absurdo cuando apago la luz y pienso en dormir. Pero los grillos cantan fuera y creo que me dicen que todo se puede reducir al absurdo: la prioridad de escalar, la necesidad de escribir, los besos y los abrazos, ¡todo es tan absurdo ante la violencia o el abandono o la necesidad o la opresión!

Por la mañana los grillos han hecho su tarea de limpieza en mi conciencia y el aire es fresco incluso al sol. Seguimos solos en las montañas aunque pronto nos encontraremos con buenos amigos, que hacen de los perfectos anfitriones… y el sentido está puesto en no caer, en hablar con respeto a mi hija, en mirar a los ojos, en escuchar activamente. Sobre todo tiene sentido huir hacia arriba en esa vía que quiero hacer.

El sustento es el absurdo, aquello que me palpita, y aunque no descarto mudarme de mundo, prefiero cambiar mi pequeño mundo.
Empiezo mudando la piel, la queratina de culebra a un lado, para salir más brillante y lustrosa y con las ideas claras de tránsito.

Hay un lugar para mí y no es una isla desierta, tampoco siempre esa tierra de mi niñez con vientos del mar y de la montaña, con colores verdes pero sobre todo muy de terruño, esa tierra árida pero llena de matices en su continua monotonía… mi Ítaca está en la lucha diaria por priorizar lo importante sin dejar de lado todo lo absurdo que nos hace tan carnales. También está entre robles, con familias y amigos y paredes y palabras y besos y abrazos y ahí quiero plantar mi culo a poder ser para seguir mudando.

Lo de conocerse y evolucionar a veces cuesta tanto, a veces es más fácil empezar de cero, construirnos.
El primer ladrillo lo acabo de poner, voy a por más.

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